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A los 16 meses, pesa 8kg 870, mide 79 cm y su P.C. es de 45,2 cm. Ya puede ponerse de pie con ayuda y pronuncia algunas sílabas, aunque no dice ninguna palabra. Su atención sigue siendo disipada, aunque sigue tan espabilado y sonriente como siempre.
Sin embargo, a finales de enero, todo se precipita: su reflujo se agrava y, entre los días 26 y 30, vomita en numerosas ocasiones (siempre la comida del día anterior).
Dado que su pediatra se encuentra ausente, su mamá lo lleva a urgencias del hospital St Michel, pero no le detectan nada. El pediatra de guardia le receta Motilium, arroz, zumo de zanahoria y un tratamiento por vía oral para la deshidratación.
Xavier sigue vomitando de manera intermitente y, tras cada vómito, continúa como si nada, retomando sus juegos donde los había dejado.
La noche del 5 de febrero vuelve a vomitar, pero esta vez sufre convulsiones. No tiene fiebre y se vuelve a dormir tras haberle mecido un rato. Antes de llevarlo a urgencias, esta vez su madre decide esperar hasta la mañana siguiente para ver si sigue con vómitos, ya que cada vez que va, el pediatra de guardia parece no creerla por la falta de fiebre y el buen aspecto del niño.
El domingo todo parece ir bien a pesar de que Xavier está más tranquilo de lo normal, tiene grandes ojeras y parece más pálido que de costumbre. Apenas juega ni quiere comer, y no para de buscar a su madre o a su abuela para que le cojan en brazos.
El lunes 9 de febrero va a ver a su pediatra, la doctora Soumoy. Xavier ha crecido 1 cm pero ha perdido 500 gr. Ante esta pérdida de peso, Xavier queda hospitalizado en ese mismo momento.
Ingresa de urgencia en el hospital St Elisabeth debido a una supuesta gastroenteritis. Está muy delgado, pálido y penoso, apenas tiene fuerza y sus pies y manos están fríos, pero su coloración está dentro de los límites normales.
A Xavier le ponen goteo durante 12 horas y a continuación le administran Motilium por vía oral, pero vuelve a vomitar de manera intermitente. El resultado de las pruebas de infección es negativo pero, dado que el retraso estaturoponderal y los problemas digestivos son cada vez más graves, existe un alto riesgo de desnutrición.
Los médicos se sienten impotentes y lo único que pueden constatar es un progreso anormal de en su curva de peso y de su perímetro craneal.
El 16 de febrero de 2004 es trasladado a La Clínica Universitaria St Luc (UCL) en la que le vuelven a poner goteo y le alimentan mediante sonda nasogástrica con Pregestimil hasta que vuelve a ganar su peso inicial de 8kg 390 para una altura de 80 cm. Sin embargo, en el momento que vuelve a la alimentación por vía oral y a la leche de soja, aparecen de nuevo los síntomas de gastroenteritis. Xavier pierde en dos días el peso que ha tardado en recuperar dos semanas, por lo que le vuelven a colocar la sonda y deciden realizarle nuevas pruebas.
El análisis sanguíneo revela que es también alérgico a la soja, por lo que le pasan al Peptijunior e inicia una dieta hipoalergénica. La PH-metría indica que padece un importante reflujo gastroesofágico.
El resto de pruebas (sedimentos urinarios y cultivo, ecografía cardiaca, ecografía abdominal, EEG (electroencefalografía), examen oftalmológico y examen neurofisiológico del potencial visual) no presentan particularidad alguna.
A partir de ese momento, Xavier tiene que tomar 5 ml de Zentac mañana y noche, 2,5 ml de Motilium pediátrico 15 minutos antes de cada comida, y su dosis de Fer-In-Sol pasa a ser de 1,2 ml, 2 veces al día. Todo ello además del Oligostim (magnesio) y de las 10 gotas de Davitamon AD cada mañana.
El examen neurológico desvela una plagiocefalia occipital izquierda (de nacimiento) y una hipotonía axial con debilidad muscular. Deciden realizarle una serie de pruebas genéticas para descartar la posibilidad de que padezca la enfermedad de Steinert.
Su neuropediatra anota en el informe: «…su cara presenta un extraño aspecto, tiene las orejas despegadas, y tanto los dedos de las manos como los de los pies son grandes».
A pesar de su estado, Xavier está consciente y sonriente y no presenta síntomas de deshidratación. Enseguida recupera su energía, juega con buen humor y no se muestra en absoluto traumatizado por su hospitalización. Cada vez que ha estado ingresado en el hospital, su mamá se ha quedado con él día y noche. En esta ocasión, es su padre quien se queda todo el fin de semana para que su madre, que está embarazada, pueda descansar. Siempre que llega su abuelita, Xavier le hace muchísimas fiestas y en seguida la coge de la mano para que lo lleve a dar una vuelta por los pasillos del St Luc, ya sea en su cochecito, en su triciclo, o a pie.
En el informe de admisión de Xavier se indica que existe una anomalía del perímetro craneal y de la curva de peso desde los cinco meses de edad. No estamos de acuerdo sobre este asunto, puesto que su cartilla prueba que no habido anomalía alguna con anterioridad al mes de enero (16 meses). Lo mismo ocurre con su curva de peso, que era regular (aunque estuviera por debajo de su peso) hasta esa misma fecha. No hay que olvidar que ha estado malo con frecuencia: 2 bronquitis, otitis, rinofaringitis, resfriados, alergias…
El 17 de marzo de 2004 Xavier pesa 9kg 320, mide 80 cm y su P.C. es de 45 cm; ya puede, por fin, volver a casa. El informe indica que su retraso psicomotor, la anomalía de la curva y del perímetro craneal se deben fundamentalmente a sus sucesivas alergias a la leche de vaca y a la de soja.
Con el propósito de dejarle tiempo para que se recupere, deciden esperar hasta la víspera de su segundo cumpleaños para realizarle una revisión general y una resonancia magnética (IRM) para estudiar su retraso psicomotor y la evolución de la anomalía en su perímetro craneal.
La semana siguiente a su regreso, Xavier retoma sus 3 sesiones de fisioterapia y motricidad semanales y, a principios de abril, puede por fin volver a la guardería, en la que tan bien se lo pasa.
Tras este largo periodo de hospitalización, duerme mal por las noches y no quiere hacerlo solo. Uno de sus padres tiene que dormirlo y llevarlo después a la cama. Tampoco quiere dormir la siesta si mamá o papá no se queda con él. El pediatra les tranquiliza: «es una actitud normal dado lo larga que ha sido la última estancia en el hospital». |