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Xavier ha soportado muy bien esta primera fase de quimioterapia, aunque su apetito ha disminuido considerablemente. Sin embargo, bebe mucho más que antes. Al término de estos cuatro primeros días, conserva un buen estado general y su peso es de 11 kg 550. No ha tenido náuseas ni vómitos, su tensión arterial permanece estable entre 7,5 y 8,5 y su temperatura ha variado entre 36,7° y 37,7°. Lo único que tiene es bastante mucosidad (Neobacitracine).
Xavier continúa muy activo, feliz, y sonriente. De momento, parece que ni nuestra vestimenta ni las mascarillas suponen un problema para él, pero los días se le hacen demasiado largos entre estas cuatro paredes. A veces, coge de la mano a su madre y señala insistentemente la puerta para hacerle entender que quiere salir o, siempre que viene su abuela a verle por las tardes, le da el bastón mientras se dirige hacia la puerta, sin comprender su negativa, pues desde siempre, la llegada de la abuela suponía paseos por los pasillos del St Luc. Siempre que una u otra sale de la habitación, Xavier llora desconsoladamente. Su papá es el único que logra marcharse sin que esto ocurra. A pesar de que se nos encoge el corazón, sabemos que no tenemos otra alternativa.
Desde el segundo día, sus problemas de equilibrio y sus convulsiones esporádicas (relacionadas con la enfermedad) se han acentuado y los primeros contactos con la quinesioterapia no han sido satisfactorios ya que, contrariamente a lo acordado, es una residente la que se está ocupando de Xavier.
El tercer día por la mañana, a causa de un incidente ocurrido durante la hora del baño, Xavier tiene que pasar de nuevo por quirófano para que le vuelvan a colocar la vía central. Tras la intervención, regresa a su cuarto hecho un mar de lágrimas porque su madre, que ha estado acompañándolo, tiene que seguir el protocolo antes de entrar en la unidad, mientras que él es transferido por la puerta de acceso directo.
A pesar de que, poco a poco, lo van comprendiendo, nuestra primera toma de contacto con el personal del hospital no ha sido fácil, puesto que ha habido opiniones dispares acerca de nuestra presencia día y noche junto a Xavier. Nosotros, por nuestra parte, intentamos ceñirnos de la mejor manera posible a las normas que, además de apremiantes, también son a veces un poco incoherentes.
Desde el primer momento, su mamá también ha establecido algunas normas de conducta con la intención de preservar la estructura de vida de Xavier, manteniendo a la vez cierta armonía en sus horarios:
- Hacia las 8h llega su abuela para bañarlo y vestirlo mientras que la enfermera o auxiliar cambia las sábanas y se ocupa de la medicación, de controlar sus parámetros y de los exámenes programados.
- Sobre las 9h30, toma el desayuno, compuesto por dos tostadas, mermelada y un zumo de mandarina. A continuación, juega con su abuela hasta que llega mamá, que mientras tanto ha ido a casa a ducharse y comer algo.
- Hacia el mediodía, su madre le da el almuerzo, que se come a duras penas, a pesar de que la dietista llama cada día a la habitación para confeccionar el menú en función de su estricto régimen y de sus gustos. El problema es que Xavier no se habitúa a la textura.
- Luego echa la siesta con su mamá, que ha solicitado que durante ese tiempo se eviten todas las visitas y cuidados para no molestarlo. La doctora Vermylen y su equipo se han mostrado de acuerdo con ella e intentan respectar lo máximo posible esta norma, por lo que suelen venir a examinar a Xavier antes o después de la hora de la siesta.
- El resto de la jornada, aparte de los cuidados, transcurre entre juegos y risas: Xavier sorprende a más de uno por su alegría de vivir.
- Sobre las 18h30 llega papá y Xavier juega otro par de horas antes de cenar. Luego le duerme antes de que regrese su madre, a eso de las 22h30.
- Por a noche, mientras Xavier duerme, su mamá aprovecha para desinfectar todos sus juguetes, su trona, su mesa, etc.
En lo que respecta a Alexander, la ausencia de su madre no parece afectarle demasiado, ya que ésta se ocupa de él cada tarde. Cuando llega a casa, lo encuentra muy espabilado. Antes de darle el último biberón, le hace un sinfín de mimos y a continuación, le acuesta. El martes conoció a Nathalie, la puericultora de «Libellules». De momento va todo bien, aunque no está completamente recuperado a pesar de los antibióticos. El viernes tiene fiebre y, a última hora de la tarde, su madrina le lleva al St Michel. La Dra. Soumoy está de vacaciones, así que le examina el pediatra de guardia, que solicita de nuevo una radiografía y un análisis de sangre. El resultado: rinobronquitis y otitis seromucosa. Le quita los antibióticos y le prescribe ejercicios respiratorios. A pesar de estar malo, Alexander continúa evolucionando y engordando. Ya es capaz de darse la vuelta, balbucea sin cesar y sigue sonriente.
Estas son algunas fotos de Xavier. (Haga clic sobre ellas para ampliarlas)
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